Clavel era una vaca como todas las de su especie: buena, tranquila, de grandes ojos negros con los que miraba contenta todo lo que pasaba a su alrededor: el hombre que venía a ordeñarla, las abejas que volaban de flor en flor, la diuca que cantaba al amanecer y los niños que jugaban en el prado al regresar de la escuela...
